sábado, 28 de marzo de 2015

Algunas curiosidades de las obras de Rubén Darío


Hace cien años salió a luz pública una obra que logró revolucionar la lengua castellana y consagrar al poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), como Padre indiscutible del Modernismo.
Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas es una de las más grandes creaciones del insigne poeta. 
La primera edición de Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas fue cuidada y hasta cierto punto organizada por el discípulo español más entusiasta de Darío: el ganador del Premio Nobel, Juan Ramón Jiménez (1881-1958).
 500 fueron sus ejemplares que debieron salir de la imprenta a principios de junio de 1905, pues el 16 de ese mes otro discípulo querido del poeta, Antonio Machado (1875-1939), le informaba: “Aquí han triunfado los Cantos de vida y esperanza.
Para Carlos Tünnermann, presidente del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), este libro tiene una enorme trascendencia porque es donde Darío se consagra como “jefe” indiscutible del Modernismo y por lo mismo, como el abanderado por antonomasia de la renovación de la poesía en idioma español.

CURIOSIDADES HISTÓRICAS 

Tünnermann señaló algunas curiosidades históricas alrededor de Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas, siendo la primera que la publicación de este libro se convirtió en un acontecimiento literario ese año (1905) en Madrid, España. Según el presidente del CNE, el diario español ABC dijo en su momento que “el reciente libro del señor don Rubén Darío marca una época en la historia de nuestras letras”. Un segundo dato curioso es que es el único libro que el poeta nicaragüense tuvo que costear de su bolsa, al menos la primera edición. Le costó 816.15 pesetas (moneda oficial de España hasta hace unos años) y ningún editor quiso apoyarle. Se suma que esta obra maestra la dedicó a Nicaragua, su patria natal y a la República de Argentina, su patria de adopción. La primera sección que es la más breve y comienza con Cantos de vida y esperanza se la dedica al escritor uruguayo José Enrique Rodó.

Darío tenía un proyecto, “Su propósito era renovar la lengua castellana, darle al español más flexibilidad y sonoridad; sacarlo del acartonamiento en que lo habían dejado los escritores españoles de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX”.

He aquí el poema:


 "Los Cisnes"

¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello 
al paso de los tristes y errantes soñadores? 

¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello, 

tiránico a las aguas e impasible a las flores? 



Yo te saludo ahora como en versos latinos 

te saludara antaño Publio Ovidio Nasón. 

Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos, 

y en diferentes lenguas es la misma canción. 



A vosotros mi lengua no debe ser extraña. 

A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez... 

Soy un hijo de América, soy un nieto de España... 

Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez... 



Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas 

den a las frentes pálidas sus caricias más puras 

y alejen vuestras blancas figuras pintorescas 

de nuestras mentes tristes las ideas oscuras. 



Brumas septentrionales nos llenan de tristezas, 

se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras palmas, 

casi no hay ilusiones para nuestras cabezas, 

y somos los mendigos de nuestras pobres almas. 



Nos predican la guerra con águilas feroces, 

gerifaltes de antaño revienen a los puños, 

mas no brillan las glorias de las antiguas hoces, 

ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños. 



Faltos del alimento que dan las grandes cosas, 

¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos? 

A falta de laureles son muy dulces las rosas, 

y a falta de victorias busquemos los halagos. 



La América española como la España entera 

fija está en el Oriente de su fatal destino; 

yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera 

con la interrogación de tu cuello divino. 



¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? 

¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? 

¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros? 

¿Callaremos ahora para llorar después? 



He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros 

que habéis sido los fieles en la desilusión, 

mientras siento una fuga de americanos potros 

y el estertor postrero de un caduco león... 



...Y un cisne negro dijo: «La noche anuncia el día». 

Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal! ¡La aurora 

es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía, 

aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

domingo, 22 de marzo de 2015

Legado y obras de Rubén Darío

Legado de Rubén Darío
La influencia de Rubén Darío fue inmensa en los poetas de principios de siglo, tanto en España como en América. Muchos de sus seguidores, sin embargo, cambiaron pronto de rumbo: es el caso, por ejemplo, deLeopoldo Lugones, Julio Herrera y Reissig, Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado.

Darío llegó a ser un poeta extremadamente popular, cuyas obras se memorizaban en las escuelas de todos los países hispanohablantes y eran imitadas por cientos de jóvenes poetas. Esto, paradójicamente, resultó perjudicial para la recepción de su obra. Después de la Primera Guerra Mundial, con el nacimiento de las vanguardias literarias, los poetas volvieron la espalda a la estética modernista, que consideraban anticuada y excesivamente retoricista.
Así mismo Darío, no fue filósofo pero logró transmitir en su poesía algún substrato de visión organizada del mundo, en la medida que su poesía y sus análisis críticos literarios estaban en contacto con la vida, e intentaban dar cuenta de los fenómenos sensoriales. Sin embargo, estos atisbos de conciencia filosófica, no se corresponden con una visión integral coherente. Darío lo consideraba como una cualidad del modernismo.

Sus obras


viernes, 20 de marzo de 2015

Rubén Dario, su vida

Rubén Darío

Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa, 18 de enero de 1867 - León, 6 de febrero de 1916), fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, posiblemente, el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Es llamado príncipe de las letras castellanas.
Fue el primer hijo del matrimonio formado por Manuel García y Rosa Sarmiento, quienes se habían casado en León (Nicaragua) el 26 de abril de 1866, tras conseguir las dispensas eclesiásticas necesarias, pues se trataba de primos segundos. Sin embargo, la conducta de Manuel, aficionado en exceso al alcohol y a las prostitutas,1 hizo que Rosa, ya embarazada, tomara la decisión de abandonar el hogar conyugal y refugiarse en la ciudad de Metapa, en la que dio a luz a su hijo, Félix Rubén.
Aunque según su fe de bautismo el primer apellido de Rubén era García, la familia paterna era conocida desde generaciones por el apellido Darío.
La niñez de Rubén Darío transcurrió en la ciudad de León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes consideró en su infancia sus verdaderos padres (de hecho, durante sus primeros años firmaba sus trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez). Apenas tuvo contacto con su madre, que residía en Honduras, ni con su padre, a quien llamaba "tío Manuel".
Sobre sus primeros años hay pocas noticias, aunque se sabe que a la muerte del coronel Félix Ramírez, en 1871, la familia pasó apuros económicos, e incluso se pensó en colocar al joven Rubén como aprendiz de sastre. Según su biógrafo Edelberto Torres, asistió a varias escuelas de la ciudad de León antes de pasar, en los años 1879 y 1880, a educarse con los jesuitas.
Entre los primeros libros que menciona haber leído están el Quijote, las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia, los Oficios de Cicerón, y la Corina(Corinne) de Madame de Staël.7 Pronto empezó también a escribir sus primeros versos: se conserva un soneto escrito por él en 1879, y publicó por primera vez en un periódico poco después de cumplir los trece años: se trata de la elegía Una lágrima, que apareció en el diario El Termómetro
En enero del año 1891, su esposa, Rafaela Contreras, se reunió con él en Guatemala, y el 11 de febrero contrajeron matrimonio religioso en la catedral de Guatemala.. En Costa Rica, donde apenas era capaz de sacar adelante a su familia, agobiado por las deudas a pesar de algunos empleos eventuales, nació su primer hijo, Rubén Darío Contreras, el 12 de noviembre de 1891.
Comienzos de 1893, Rubén permaneció en Managua, donde renovó sus amoríos con Rosario Murillo, cuya familia le obligó a contraer matrimonio con la joven. Dejó a Rosario en Panamá, y emprendió el viaje hacia la capital argentina. El 26 de diciembre da a luz un niño, bautizado como Darío Darío, del cual diría su madre: "su parecido con el padre era perfecto". Sin embargo, pocas semanas después la criatura morirá a consecuencia del tétano
El 3 de mayo de 1895 murió su madre, Rosa Sarmiento, a quien el poeta apenas había conocido, pero cuya muerte le afectó considerablemente.

Llegó a León, la ciudad de su infancia, el 7 de enero de 1916 y falleció menos de un mes después, 
el 6 de febrero. Las honras fúnebres duraron varios días presididas por el Obispo de León Simeón Pereira y Castellón y el presidente Adolfo Díaz Recinos. Fue sepultado en la Catedral de León el 13 de febrero del mismo año, al pie de la estatua de San Pablo cerca del presbiterio debajo de un león de concreto, arena y cal hecho por el escultor granadino Jorge Navas Cordonero; dicho león se asemeja al León de Lucerna, Suiza, hecho por el escultor danés Bertel Thorvaldsen (1770-1844).

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