Hace cien años salió a luz pública una obra que logró revolucionar la lengua castellana y consagrar al poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), como Padre indiscutible del Modernismo.
Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas es una de las más grandes creaciones del insigne poeta.
Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas es una de las más grandes creaciones del insigne poeta.
La primera edición de Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas fue cuidada y hasta cierto punto organizada por el discípulo español más entusiasta de Darío: el ganador del Premio Nobel, Juan Ramón Jiménez (1881-1958).
500 fueron sus ejemplares que debieron salir de la imprenta a principios de junio de 1905, pues el 16 de ese mes otro discípulo querido del poeta, Antonio Machado (1875-1939), le informaba: “Aquí han triunfado los Cantos de vida y esperanza.
Para Carlos Tünnermann, presidente del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), este libro tiene una enorme trascendencia porque es donde Darío se consagra como “jefe” indiscutible del Modernismo y por lo mismo, como el abanderado por antonomasia de la renovación de la poesía en idioma español.
CURIOSIDADES HISTÓRICAS
Tünnermann señaló algunas curiosidades históricas alrededor de Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y Otros poemas, siendo la primera que la publicación de este libro se convirtió en un acontecimiento literario ese año (1905) en Madrid, España.
Según el presidente del CNE, el diario español ABC dijo en su momento que “el reciente libro del señor don Rubén Darío marca una época en la historia de nuestras letras”.
Un segundo dato curioso es que es el único libro que el poeta nicaragüense tuvo que costear de su bolsa, al menos la primera edición.
Le costó 816.15 pesetas (moneda oficial de España hasta hace unos años) y ningún editor quiso apoyarle.
Se suma que esta obra maestra la dedicó a Nicaragua, su patria natal y a la República de Argentina, su patria de adopción. La primera sección que es la más breve y comienza con Cantos de vida y esperanza se la dedica al escritor uruguayo José Enrique Rodó.
Darío tenía un proyecto, “Su propósito era renovar la lengua castellana, darle al español más flexibilidad y sonoridad; sacarlo del acartonamiento en que lo habían dejado los escritores españoles de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX”.
He aquí el poema:
"Los Cisnes"
¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?
Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.
A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez...
Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.
Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras
palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.
Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni
Nuños.
Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.
La América española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.
¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?
He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...
...Y un cisne negro dijo: «La noche anuncia el
día».
Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal! ¡La aurora
es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

No hay comentarios:
Publicar un comentario